ESPECIES EMBLEMÁTICAS, ESPECIES PROTECTORAS.

ESPECIES-EMBLEMATICAS

Es muy común y habitual escuchar o leer que los recursos que se destinan a la protección de algunas especies de fauna es son desproporcionadamente altos con respecto a los que se emplean en otras que pasan por los mismos, o quizás peores, problemas de conservación. Algunos ejemplos serían el del oso pardo, el lince o las grandes águilas ibéricas, especies animales emblemáticas donde se han centrado no escasos esfuerzos económicos.

Personalmente creo que conviene ofrecer una información objetiva al respecto para poder formarnos una opinión lo más fundada posible.

Es cierto que estas especies despiertan las simpatías del gran público y son ya emblemas de la fauna ibérica. Sin duda políticos, administradores y gestores se han dado cuenta de su popularidad y por tanto caben dentro de su agenda aunque su motivación no sea en muchos casos alentada por una verdadera conciencia ambiental el resultado final es más o menos satisfactorio para una parte del gran público amante de la naturaleza.

Para los casos particulares que hemos citado en este texto conviene destacar además otros aspectos interesantes y que llevan a valorar su protección más allá de la supervivencia de la propia especie.

El concepto clave en este caso es de “especies paraguas” y en el mundo de la conservación se aplica a aquellas especies cuya protección implica colateralmente, o debería implicar si las medidas son las apropiadas, que muchos otros seres vivos se vean favorecidos.

Así, por ejemplo, los grandes carnívoros ibéricos por su propia naturaleza requieren amplias extensiones de campeo para asegurarse su sustento, por ello  una protección efectiva implica una mejora o al menos una continuidad de su hábitat que evidentemente comparte con otras plantas o animales que secundariamente saldrán beneficiados.

Otro ejemplo interesante es el de la mejora genética y evolutiva de sus presas ya que las leyes de la evolución conservarán en el tiempo los individuos mejor adaptados a defenderse del propio predador y este eliminará los ejemplares más débiles, enfermos o envejecidos ejerciendo además una labor de sanidad del entorno, evitando la proliferación de parásitos y enfermedades.

En lo que respecta a la gestión humana al respecto un ejemplo interesante es el del conejo, pieza de caza imprescindible para linces y águilas imperiales. Así cuando se trata de favorecer las poblaciones de conejo ya sea con vivares (refugios artificiales), suelta de ejemplares vacunados contra las graves enfermedades que les afectan u otras medidas, estamos beneficiando de nuevo a otras tantas especies que también emplean el conejo como fuente de alimento.

Por ello sería muy interesante divulgar este aspecto de la protección de algunas especies emblema ya que si bien es cierto que solo ellas se llevan la mayoría de los recursos para librarse de la extinción y esto, sin duda, deba cambiar, seamos conscientes de la importancia que tienen estos esfuerzos ya que otras tantas especies, menos afamadas, salen favorecidas.

Escrito por Juan Antonio Villaescusa.