LA OROPÉNDOLA.

La Oropéndola una de las especies de la fauna en este caso ave iberica ibérica más bellas

Llega la primavera momento ideal para observar a nuestra fauna ibérica y en este caso a esta maravillosa ave ibérica


Espectacular ave de cantos aflautados y quizás muy desconocida como tantas especies de nuestra Fauna Ibérica.

Es un ave del orden de las passeriformes, de mediano tamaño, semejante a un Mirlo común, con las alas y cola negras como él pero con dos toques amarillos, y el cuerpo rabiosamente dorado, impresionantemente dorado.

Llega a España en primavera Tras un largo vuelo desde África Central, donde pasa el invierno. Los machos presentan el cuerpo amarillo dorado, las alas negras con mancha amarilla y la cola negra con los bordes amarillos; El pico fuerte y agudo de un tono rosado obscuro, las patas gris azulado y el iris rojo. Las hembras son mucho menos vistosas: manto de color verde oliva, y colores blancuzcos por debajo, con un débil rayado pardo rojizo en el pecho; las alas y la cola son pardas con la mancha amarilla menos extendida y más apagada. Los jóvenes son semejantes a las hembras, pero con el pico gris y el iris pardo. Miden unos 25 centímetros.

Etimología

El nombre genérico Oriolus provienen del latín {oriolus, aureolus} y significa”dorado” referido al color del plumaje del macho. El epíteto específico oriolus provienen del latín {oriolus, aureolus} y significa “dorado” referido al color de su plumaje.

Os dejamos esta leyenda que hemos encontrado escrita por María José Sánchez Macías

“Los Pinos” siempre ha sido el lugar preferido por la mayoría de valverdeños para pasar temporadas en el campo. A principio de los sesenta siendo un niño, todos los años la familia nos íbamos a casa de José “El Capao” a pasar tres meses de campo (Abril-mayo-Junio). Eran otros tiempos, aquello era campo campo, un mar de tranquilidad, el pinar prácticamente virgen, un paraíso donde íbamos a jugar y buscar piñones. En las cercanías de la venta “Los Cristos” estaban habitadas cuatro o cinco casas de las pocas que había, sin agua corriente y sin luz eléctrica, nos alumbrábamos con “carburos”. Para ir y venir de Valverde a “Los Pinos” se utilizaba el tren, y normalmente las compras (pan, café, bebidas) las hacíamos en la venta  regentada por Manuela “la Mela”, por eso a la venta  también le llamaban venta “La Mela”.  Los huevos, la leche de cabra y las frutas  del tiempo íbamos a comprarlas con mi abuelo Andrés a la casa de “Las Palomas” o a Pascual en “El huerto de los Alcornoques”.

Una mañana de primavera en uno de esos paseos que dábamos a “Las Palomas” mi abuelo me enseño un nido que no había visto nunca. Estaba en un eucalipto al lado del huerto, era una especie de canastillo colgado de una “gancheta” del árbol, meciéndose por el viento. Estando allí se presento el dueño del nido, un pájaro precioso que me sorprendió por el llamativo colorido de su plumaje: dorado y negro. Mi abuelo  me conto una historia que me impresiono y que no he olvidado, me comento que el pájaro se llamaba Oropéndola y que todos los años llegaban  procedente del continente africano. Me relato que según una leyenda el color dorado de su plumaje lo había tomado del Oro de las Minas del Rey Salomón y el negro de sus alas del color de la piel de los pobladores de aquellas tierras africanas. La Oropéndola es un reflejo dorado que nos visita al sentir el calor de la primavera y se marcha presagiando el fresco del otoño. Es un ave del tamaño de un mirlo (22 a 25 cm.) que durante el mes de abril llega procedente del África tropical. Es uno de los pájaros más vistosos y espectaculares de nuestra avifauna. El plumaje del macho es de un dorado intenso en cabeza y cuerpo, negro azabache en las alas y cola. Las hembras son de un tono verdoso por la parte superior del cuerpo y blancuzca y parda la parte inferior y pecho.  Su hábitat lo compone la vegetación de ribera, las choperas, alamedas, alcornocales, dehesas, huertos y zonas próximas a cultivos de árboles frutales. En primavera se alimentan de gusanos, orugas e insectos, en verano le encantan las cerezas, las brevas, las peras, las moras, los higos y la semilla de la bellasombra. Su canto es inconfundible y característico, con un sonido alegre y potente, un silbido aflautado que en la soledad y el silencio del campo puede oírse a gran distancia, también emite una especie de maullido muy peculiar, como una especie de llamada o advertencia. Es un pájaro tímido y asustadizo que vuela rápido entre las copas de los arboles por lo que es más fácil escuchar su canto que observarlo. Si a mediados de junio, al amanecer, nos sentamos debajo de la higuera de un huerto cercano a su área de campeo, podemos observarlo y fotografiarlo cuando viene a comer las sabrosas y jugosas brevas.

A primeros de mayo la hembra utilizando su pico como una aguja de coser, comienza a tejer su nido en la horquilla de una rama, lo hace en forma de cuenco o canastilla colgante y está hecho de fibras vegetales, lanas, cortezas de arboles, y trozos de cuerda, con el interior tapizado de fibras de lana y plumas. En el realiza la puesta de tres a cuatro huevos que incuban ambos congéneres, a los 14 o 15 días nacen los polluelos cubiertos de un plumón blanco y a las dos semanas abandonan el nido.

En el mes de agosto inician la migración post-nupcial hacia países como Kenia, Uganda o Tanzania. La Oropéndola está incluida en el catalogo nacional de especies amenazadas, sus principales peligros son la transformación y destrucción de sus hábitats.

Hasta comienzos de la década de los sesenta, la gran mayoría de los parajes de nuestro entorno estaban habitados permanentemente por familias que vivían y subsistían de la caza, la siembra de la sementera, de los animales que criaban (ovejas, cabras, gallinas etc.) y de cultivar los numerosos huertos que salpicaban nuestros campos. En estos huertos no faltaban las higueras y demás árboles frutales a los que a partir de junio acudían las oropéndolas a saciar su hambre. En aquella época la oropéndola abundaba en nuestros campos.                                                     Años más tarde cuando el país comienza a salir del subdesarrollo, Cataluña y el País Vasco demandan abundante mano de obra, y comienza un éxodo de campesinos hacia las grandes ciudades. El campo se fue despoblando, sus moradores emigraban en busca de una vida mejor, fueron abandonando caseríos, tierras y huertos que se fueron perdiendo. Hoy solo quedan restos de algunos de ellos, triste recuerdo de lo que en otra época fueron.  Las Oropéndolas, como los antiguos pobladores de nuestros campos, al ver mermadas sus fuentes de alimentación se fueron marchando a otros lugares, lo que provoco una apreciable disminución en el número de parejas que nos visitan en primavera. Hoy día solo en algunos parajes de nuestro entorno (El Castaño, Navahermosa,  El Fresnajoso, Campanario, y..) es posible escuchar el potente y aflautado silbido del pájaro dorado.

Foto de la Oropédola realizada en el valle del tiétar, un sitio que no queremos desvelar jeje, el día 25 de abril del 2017 por Andrés Úbeda.

Un saludo del Equipo:  Somos Fauna

Trackbacks and pingbacks

No trackback or pingback available for this article.

Leave a reply